¿Podremos salir de esta situación postdolarizada de la economía cubana?

La medida de contener el flujo del dólar circulante en el país parece ser apremiante. No solo por ella en sí misma, sino por el contexto en que se toma. Las preguntas que me surgen por otra parte, serían: ¿por qué el gobierno toma esta medida en este momento y no mucho antes, incluso años? ¿Los ideólogos y economistas no fueron capaces de avizorar esta “agresión” antes que sucediera? ¿Podremos salir de esta situación postdolarizada de la economía cubana?


Cuando el año pasado, el 16 de julio, el gobierno informaba sobre la decisión de redolarizar la economía, debido a la depresión causada por la pandemia, apostaba por una decisión riesgosa. Sabía perfectamente que estaría sujeta al recrudecimiento de las sanciones del bloqueo/embargo. Era de esperarse a que cambiaran las circunstancias para entender la amenaza de usar una moneda del gobierno que aplica penalizaciones a los bancos internacionales que ejecutan las transacciones de los bancos y empresas cubanos. El riesgo no era menor y por tanto un salto al vacío.


Por otro lado, el contexto geopolítico coloca a Cuba en una frágil situación, que arrincona cualquier política económica del gobierno. La prórroga del diálogo con la administración de Biden, para normalizar las relaciones con Estados Unidos, ha llegado a un punto muerto que, sin lugar a dudas, en medio de la pandemia, y la depresión del turismo en Cuba, ha afectado a las inversiones, aunque el gobierno americano no interceda en la compra de alimentos y medicamentos.


La crisis política y económica en Venezuela, así como en la región, que desde el 2019 se ha hecho visible la reducción de la cooperación desde el país suramericano. De igual modo, una de las últimas esperanzas del maná económico del gobierno, la creación de una vacuna para su comercialización, no ha salido al mercado internacional, aunque hay varios candidatos promisorios, y no ha sido certificada por los organismos internacionales competentes.


No menos importante, es que el Estado cubano tras el 27 de noviembre ha vivido su peor registro en cuanto derechos humanos, denunciado por activistas y organismos internacionales. Los últimos en sumarse han sido la ONU y el Parlamento europeo, exigiendo que responda a la ola de represión que se vive en el país.


La cuestión fundamental es si el gobierno cubano sabía del caballo de Troya que era la redolarización, principalmente, porque el CUC había sido una política monetaria implementada en el 2005 para contrarrestar la prohibición del USD en aquella época, ¿por qué de nuevo se insiste en una medida fallida?

No obstante, la recogida del dólar por la pérdida del valor en la Isla y la preferencia de las transacciones electrónicas a nivel mundial no pueden ser las razones únicas suficientes para llevar a cabo en tan poco tiempo, diez días, el dólar en papel. ¿Cómo se explica que a pocos días de emitir CADECA que no tenía disponibilidad de moneda líquida, se diga en la Mesa Redonda que hay un excedente de la misma? ¿Pero aún más sospechoso, por qué el banco quiere guardar ese dinero que no puede usar?


La crisis pandémica intensificó de manera exponencial las restantes crisis que tenían trayectoria en la vida social, política y económica del país. La falta de soberanía económica debido a la apuesta en unos pocos rubros económicos, como el turismo, han evidenciado sus debilidades al depender del sector financieros externos a Cuba. La infraestructura comercial y el mercado local está vinculada a las importaciones, principalmente. Por tanto, las lógicas tienen que necesariamente cambiar. Durante el 2020, las remesas se convirtieron en la primera entrada de dinero.


Si la economía cubana posee un factor fundamental en su contra, que es el bloqueo, ¿por qué las miras del gobierno siguen siendo desincentivar el iniciativa privada, no estatal? El país más que nunca necesita de los cubanos industriosos, como diría Martí. Pero más que eso el país necesita de libertades para su desarrollo. Las últimas estrategias económicas superpuestas por la crisis sanitaria han expuesto sus limitaciones al no contemplar la participación en la economía de la mayoría de los cubanos. El Estado sigue comportándose, a pesar de las reducciones en los servicios sociales, como Estado asistencialista. La liberación de las fuerzas productivas, con ajuste de una ley impostaria a las circunstancias actuales, nos permitirá sobrellevar la crisis hasta que la vacuna y un nuevo orden mundial nos permita la sostenibilidad como nación.

El Código de las familias y la entrada al siglo XXI en Cuba

En el 2011, Wendy Iriepa celebró su boda con Ignacio Estrada por todo lo alto. Incluso la prensa internacional acreditada en Cuba cubrió ese evento. Los contrayentes eran una mujer transexual y un hombre homosexual, y los medios nos la vendieron como «la primera boda gay» en La Habana. Hubiéramos podido creerlo de no saber…

El Código de las familias y la entrada al siglo XXI en Cuba

Retos para la construcción de una ciudadanía sexual

Especial para SEMlac Cuba [22-11-2019]

Las Jornadas Cubanas contra la Homofobia han sido espacios para la participación de personas LGBTIQ. Foto SEMlac Cuba
Las Jornadas Cubanas contra la Homofobia han sido espacios para la participación de personas LGBTIQ. Foto SEMlac Cuba
En la actualidad se evidencia, cada vez más, la emergencia de una ciudadanía sexual ante un contexto heteronormativo, raigalmente homo-transfóbico. La negativa de que artistas trans trabajasen en el Hotel Pernik[1], en la provincia de Holguín, causó una viral indignación entre internautas, debido a la evidente vulneración de derechos de los grupos LGBTIQ. Asimismo, su formulación violaba los principios fundamentales que defiende la nueva Constitución, específicamente en el artículo 42, que proscribe todo tipo de discriminación, incluidas aquellas relacionadas con el género y la identidad de género.

Una vez más, la ubicuidad de las redes sociales contribuyó a difundir un Manual de normas organizativas y de funcionamiento de la sala de fiesta ‘La Terraza’, que regula –es decir, limita– la actuación de personas trans en los predios de ese centro hotelero.

Las razones tan irrisorias como alarmantes fueron las siguientes:

Las compañeras y compañeros transexuales no se admiten en la sala de fiesta en su carácter de transformen (sic) (no coinciden en su apariencia con los documentos legales por lo que ocultan su verdadera identidad, no hay condiciones para atenderlos adecuadamente en cuanto a los servicios de baño sanitarios.

Este texto es deleznable no solo por su aberrante estulticia y profunda ignorancia del redactor, también lo es por querer imponer un control sobre los cuerpos de personas trans y comprenderlos desde rígidos modelos heterosexuales).

Las identidades trans no son un juego de sombras, como en el teatro kabuki, ni “ocultan” una identidad seminal que condena a los sujetos a una única identidad. La postfeminista Judith Butler refiere, en más de una ocasión, el carácter fluido del género, que no siempre se corresponde con la genitalidad a la que se le asigna valores discursivos.

Para el activismo LGBTIQ en el país, la comprensión de la discontinuidad entre sexo, género e identidad de género por parte del Estado y las instituciones constituye el principal campo de batalla. Pues, pese a que en Cuba se respetan ciertas garantías como salud, educación y trabajo, entre otras, las personas LGBTIQ son las que menos acceso poseen al disfrute de una ciudadanía plena y sus relaciones sociales son más endebles. Modificar las leyes, robustecer instituciones en un marco de igualdad, no discriminación y respeto visibilizarían las emergencias de sujetos diferentes en la sociedad.

Volviendo al texto citado: ¿cuán importante pueden ser los usos de los servicios sanitarios, si lo que realmente se está limitando es el acceso al trabajo ¿digno? a un sector cuyo sustento es mediante del transformismo?

Sin embargo, y a pesar de la poca praxis del ejercicio de la demanda a nuestras instituciones como derecho constitucional, se le reclamó a la dirección las causas de tales medidas discriminatorias y ofensivas, las que conllevaron una “rectificación” por parte de la cadena hotelera Islazul y la intervención del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX).

Esta reacción no es fortuita, se debe a más de una década de sensibilización mediante las Jornadas cubanas Contra la Homofobia y la Transfobia, los diversos talleres sobre salud sexual y reproductiva y derechos humanos, impartidos por el CENESEX; al igual que la construcción de redes de promotores y activistas alrededor del país, con la finalidad de acompañar y empoderar a grupos históricamente marginados.

Para la jurista costarricense Diana Maffía, la ciudadanía sexual resulta “el proceso que enuncia y garantiza el acceso efectivo de ciudadanos y ciudadanas, tanto al ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos, como a una subjetividad política no menguada por desigualdades basadas en el sexo, el género, la sexualidad y la reproducción.”[2] Por ende, la participación se debe traducir no solo en la voluntad personal, sino en la creación de instituciones que canalicen los deseos de los ciudadanos de manera orgánica. La idea decimonónica de que la ciudadanía se opone al Estado queda superada al ampliar las libertades en el espacio público de sectores históricamente vejados de elementales derechos, al unísono que contribuye a elaborar discursos más justos e integradores.

No existe un modelo ideal que provea un trazado para su ejercicio, pero se puede establecer ciertos mecanismos que permitan democratizar la participación. En El espacio y el límite, Juan Valdés Paz[3] aporta algunas herramientas sobre cómo debiera ejecutarse la participación en la transición al socialismo que retomo como vehículo en la asunción de una ciudadanía sexual insular.

Tener voz: se expresan opiniones sobre temas de interés de los actores.

Poder realizar consultas: se expresan opiniones y criterios sobre propuestas o asuntos emanados de algún nivel de dirección.

Demanda y agregación de demandas: se expresan demandas de servicios, bienes, medidas organizativas o de gobierno, etc. Incluye participar en la agregación de las demandas particulares o de su entorno.

Realizar propuestas: se elaboran propuestas de medidas, prioridades, candidatura, etc.

Decisión o toma de decisiones: se decide la aplicación de políticas, planes o programas, ejecución de medidas, prioridades, etc.

Realización o ejecución: se participa en la realización o ejecución de las decisiones.

Control democrático: se controla el proceso sociopolítico en general y las políticas en curso en particular, así como el propio proceso de participación.

Evaluación: se participa en la estimación de los resultados de la aplicación o ejecución de las decisiones estratégicas y tácticas, generales y particulares, así como sobre el propio desarrollo democrático en curso.

Aunque hablar de ciudadanía sexual –como lo expone el médico y activista Alberto Roque– sigue siendo un desafío en Cuba, se van alcanzando espacios cada vez mayores de responsabilidad y autonomía en el que la denuncia de vejaciones es más común, sobre todo en redes sociales, al tiempo que se exigen reparaciones ante vulneraciones.

Para Roque, “la participación política de las personas trans, a la que sumo otras identidades no heteronormativas, es crucial para la decostrucción del contrato sexual heteronormativo, sin mediaciones normalizadoras ni coacción alguna, tal y como se incluyen en los derechos sexuales.”[4]

Por ello, se hace primordial constituir nuevos escenarios institucionales, más transparentes, que implosionen los discursos heteronormativos y visibilicen la participación sexo-política, ya que la sexualidad es política en sí misma. La sexualidad, desde el siglo XIX, se ubicó en el ámbito de lo privado, con intensos significados peyorativos y patológicos, que fracturaron las relaciones entre el Estado y los sujetos en cuanto al acceso al poder y la distribución de las riquezas.

La politología clásica basada en los modelos de democracia occidentales solo comprende al sujeto en el orden de lo político en estado puro. Sin embargo, como afirma Judith Butler en El género en disputa, “es imposible separar el género de las intersecciones políticas [raza, de clase, sexuales, identidades regionales] y culturales en las que constantemente se produce y se mantiene.”[5] Si bien la primera mitad del siglo XX experimentó un auge de las luchas de las mujeres, desde los sesenta del mismo siglo, la búsqueda de un espacio de igualdad ha signado los diversos movimientos y agendas LGBTIQ alrededor del mundo.

La participación sexo-política en Cuba se hace más visible en redes sociales, fundamentalmente en Facebook, y la presencia de actores capaces de movilizar a la ciudadanía en torno a temas cruciales para la convivencia nacional. El debate público sobre el matrimonio igualitario, en el pasado Referendo Constitucional, denotó la existencia de una masa crítica que complementó las intervenciones en el Parlamento de los diputados Mariela Castro Espín y Luis Ángel Robles.

Alrededor de la aprobación del matrimonio del mismo género se crearon diversas páginas en redes sociales que cohesionaron las opiniones en el debate público. De todas ellas, la más constante ha sido Construyendo una agenda de la diversidad sexual en Cuba, creada por el activista matancero Yadiel Cepero, quien se ha preocupado por mantener una plataforma para la reflexión y denuncia, alejada de las volatilidades y frivolidades que estos medios generan en ocasiones.

Otra vuelta de tuerca. Activismo y ciudadanía sexual

Activistas, juristas y otros profesionales han creado en Santiago de Cuba una consultoría jurídica para el acompañamiento a víctimas de violencia de género y por discriminación ante casos de homo-transfobia. Descentralizar los servicios jurídicos radicados en el CENESEX y en el Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR), en La Habana, era un viejo anhelo de activistas de otras provincias que observan esta oportunidad para una mayor promoción de los derechos de la ciudadanía y utilización con eficacia de los mecanismos legales que garanticen la reparación a las víctimas.

Si bien esta iniciativa contó con el apoyo de instituciones como la Unión de Juristas de Cuba (UNJC), que presta su sede para realizar la consultoría, no puede obviarse la presencia del CENESEX y OAR, cuyos especialistas han desempeñado una labor de sensibilización por más de veinte años a activistas y promotores de todo el país. Además, se sumaron actores internacionales como PNUD y la embajada de El Reino de los Países Bajos.

Esta solución de conjunto rescata añejas demandas de articular en las localidades, fuera de la capital, servicios amigables que contribuyan a la difusión de los derechos humanos, la protección a las víctimas y la creación de redes de apoyo, con el objetivo de propiciar una inclusión social plena.

Desde luego, esta consultoría les acerca a las personas víctimas una vía para acceder a la justicia y transformar su realidad. Permitirá extender estadísticas y comprender la complejidad de la violencia y la discriminación por género e identidad de género, en contextos donde la suposición y la perspicacia guiaban el trabajo de especialistas.

Un lugar destacado tienen, además, los diversos grupos de las redes sociales comunitarias que asistieron a esta empresa para constituir un proyecto que emergía en cada encuentro nacional. No se hicieron esperar las reacciones a las publicaciones en Facebook de la activista y coordinadora de Las Isabelas, red de mujeres lesbianas y bisexuales, Isel Calzadilla y del coordinador de Humanidad por la Diversidad, Manuel Lescay, en esa región, quienes participaron en la inauguración.

Este nuevo mecanismo jurídico moviliza un replanteamiento de la ciudadanía, al particularizar en el género y la sexualidad como elementos vulnerables y, por tanto, significativos para la restauración de la dignidad individual y grupal.

En su ensayo, Roque nos alerta de algunos peligros:

No es suficiente emitir leyes o decretos leyes que garanticen derechos, si no se promueve un cambio cultural generado desde la transformación social. No se trata de suplantar el poder heteronormativo por otro homonormativo, ni de la dominación de un género sobre otro, sino de la promoción de nuevos paradigmas basados en la reflexión y el diálogo que desarticulen los modelos sociales y políticos verticalistas y los mecanismos de opresión, reproducidos también por los grupos humanos menos favorecidos.[6]

Resulta evidente que la convergencia de diferentes fuerzas sociales determinará el fortalecimiento y garantía del ejercicio de la ciudadanía sexual, que tiene como misión erradicar los vestigios de una cultura patriarcal, sexista y homofóbica, a la vez que da solución inmediata a problemas que surgen de situaciones de la vida cotidiana. Del mismo modo, se propone orientar a los grupos LGBTIQ, mujeres, entre otros, en el conocimiento y aplicación de los derechos y la normativa jurídica existente. Se debe, además, a la formación de promotores y activistas en temas relacionados y a su responsabilidad social ante hechos que vulneran a las personas.

Nos encontramos en la construcción de un nuevo mapa de sociedad civil cubana que impulsa el reconocimiento de ciudadanías sexuales no heteronormativas en un Estado de derecho democrático, ratificado en la nueva Constitución y en los Lineamientos del Partido Comunista de Cuba. Por otra parte, habrá de abordarse las intersecciones raciales, de género, de clases, seroestatus, culturales, entre otras producto también de una sociedad con un pasado colonial, pobre y bloqueada económicamente por los Estados Unidos de América, si realmente nos interesa propiciar mayor equidad y justicia en nuestra sociedad.

Retomo nuevamente, para finalizar, al activista Roque cuando afirma que “para alcanzar una verdadera emancipación se requiere fortalecer el liderazgo, la autoorganización y la autonomía de las ciudadanías sexuales excluidas de los procesos de participación, que junto a las mediaciones institucionales existentes en Cuba, harían a la sociedad civil cubana más fuerte.”



[1] El suceso a que me refiero tuvo lugar en la provincia de Holguín en los días 16 y 17 de septiembre de este año. La directiva del Hotel Pernik emitió una circular que, entre otras medidas administrativas, prohibía la posibilidad de trabajar las personas trans en el centro turístico.

[2] Alberto Roque. Ciudadanía Sexual y Participación en los Procesos Emancipatorios Cubanos. 2014. https://www.ipscuba.net/sociedad/ciudadania-sexual-participacion-y-emancipacion-antecedentes-y-futuro-en-cuba/

[3] El espacio y el límite. Estudios sobre el sistema político cubano. La Habana: Ruth Casa Editorial, Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello. 2009.

[4] Alberto Roque (2014): Ibidem.

[5] Judith Butler. El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Paidós, Barcelona, 2016..

[6] Ídem.

Luis Manuel Otero Alcántara, espacio público y corporalidad


Varias personas compartieron en redes sociales una imagen (la misma) del parque ubicado en las inmediaciones de la barriada de San Isidro, como prueba de que no “sucedía” nada, y apelando a que “la calle es de los revolucionarios”. Este parque, en particular, tiene otros significados. En uno de sus extremos conserva lo que fuera uno de los pasos de acceso de la muralla, y a la vez el punto que demarcaba, hasta el siglo XIX, el límite de La Habana intramural. Fuera de ella quedaba una zona cenagosa, denominada El Manglar, cuyos primeros habitantes eran negros distinguidos “por sus andares y por su mala vida, de crimen y valentonería”, como refiere Fernando Ortiz en Los negros curros.

Esta imagen (fría, vaciada y estática) se contraponía al video en el que son detenidas la artista Camila Lobón y la poeta Katherine Bisquet, en el bulevar de San Rafael, por protestar con un cartel en apoyo a Luis Manuel Otero Alcántara.

En aquel entonces, el artista se encontraba en huelga de hambre y sed a causa de la violencia policial, reclamando la devolución de sus obras sustraídas. Estas dos imágenes juegan, pugnan por ser referentes de La Habana, como símbolos de los usos políticos del espacio público.

Para Luis Manuel, el espacio público genera en su obra una potencia discursiva. De manera agónica, cuando interviene en la vía pública es para interpelar al poder desde diversas dimensiones. Uno de sus performances más icónicos, ¿Dónde está Mella? (2017), genera reflexiones en torno a la sociedad cubana contemporánea desde la condición de sujeto marginado y racializado. Lo importante, parece decirnos Otero, no es la pregunta en sí, sino la condición subalterna de la voz que interpela al poder hegemónico.

En medio de complejos procesos de “transformaciones híbridas de los sistemas simbólicos”, en palabras de Néstor García Canclini, más allá de la ausencia de Mella/objeto como significante de la historia, el espacio público se repiensa más bien alrededor de la ausencia como productora de significados y lecturas varias de la realidad social contemporánea. Preguntas, dicho sea de paso, que no pretenden ser respondidas, sino que enquistan interrogantes en los sujetos que se apropian de ellas.

El Estado, mediante sus voceros y medios, ha construido a Luis Manuel Otero Alcántara como un sujeto marginal y violento, que se ha apropiado de la condición de artista. Sin embargo, la praxis artística, o de artivismo, ha redimensionado con eficacia esos postulados clasistas para condensar una amplia red de relaciones y signos en el horizonte del arte cubano contemporáneo.

Nadie se explica la solidaridad que emana en la comunidad de artistas, y menos el arraigo de sus vecinos en San Isidro. Aun así, los dispositivos del poder han intentado minar cualquier resistencia. En este punto se me hace pertinente volver a Disidentifications: Queer of Color and the Performance of Politics, de José Esteban Muñoz, cuando introduce la noción de “desidentificarse” como prisma para dilucidar que las políticas de las minorías (de raza, sexo, clases) no son monocausales o monotemáticas, sino que se calibran con el fin de discernir una multiplicidad de imbricaciones de los componentes de la identidad y las vías en las que afectan a lo social. Para ello se reapropia de la interseccionalidad, concepto primordial en el feminismo negro, que comprende las múltiples desigualdades que lo conforman.

¿Qué disloca entonces Luis Manuel, si sobre él se enclavan todas las narrativas biopolíticas y el poder, mediante todos sus dispositivos, ha intentado invisibilizar lo que es?

La violencia estructural a la que Luis Manuel se opone encuentra diana en la corporalidad del líder del Movimiento San Isidro. Las detenciones arbitrarias, las obras sustraídas, la invasión a su propiedad, convierten su espacio en un no-Lugar, no-Estar, no-Ser, el cual está constantemente vigilado por el poder heteronormado, incluso de manera morbosa.

En su performance Miss Bienal (2015), Otero discurre sobre racialidad y sexualidad entrelazadas en el microsistema del arte en Cuba. Si en ¿Dónde está Mella? enuncia la emergencia de una nueva época económica, hacia un capitalismo capaz incluso de desplazar el legado histórico de la nación, con esta obra —realizada durante la Bienal de La Habana de ese año, como sujeto ambulante en medio de las actividades programadas— pone de manifiesto la urdimbre comercial que sustenta la cita artística, expone el atrezo del vedetismo y la pose que generan todas estas tramas que solo perpetúan el clasismo en el mercado del arte. Una vez más, el sistema del arte contemporáneo cubano en función de las narrativas colonialistas, en el marco de un evento que se fundó como espacio contrahegemónico para el Tercer Mundo / Sur Global.

Sin embargo, al travestirse, sustenta otros relatos del cuerpo que desbordan el binarismo de la ideología patriarcal. La mascarada travesti de Luis Manuel, que recuperará en otros performances, pone al límite la relación de su corporalidad con los usos del espacio público, la nación, y los cruces simbólicos emergentes.

La “queerización” de Otero se produce al convertirse, como parte de su arte, en sujeto rarificado para el poder y la necesidad de este de dominarlo, poseerlo, degradarlo hasta desaparecerlo.

El Estado juega con esos desplazamientos de su existencia, a la vez que pugna con él por el espacio físico y simbólico que Luis Manuel, como artista y activista, ha ocupado. El Estado ha minado sistemáticamente todos los dispositivos (homo)sexuales, como estrategias para controlar la desviación de la ideología heterosexual, cuando ha filtrado imágenes y videos “exponiendo” sus preferencias sexuales. El Estado hunde las opresiones históricas sobre su cuerpo, para disciplinar las fugas políticas que constantemente genera el artista, sobre todo en el barrio de San Isidro, porque desde allí la utopía como rebeldía puede prender con mayor facilidad.

El cuerpo descentrado de Luis Manuel Otero y sus prácticas irreverentes se convierten en una densa red de vulneraciones al entablar una zona de confrontación, cuando se limitan sus libertades y lo recluyen en el espacio de la casa sin la mediación de mecanismos legales.

La corporalidad política de Otero amenaza el relato mismo de la nación, o la teleología revolucionaria, cuya voz subalterna y racializada se impone, reconstituye otros sujetos preteridos en una posible y potente genealogía de la alteridad.

No en balde, los últimos cercos policiales se han convertido en un estado de sitio, en una microfacción de San Isidro.

Por eso Luis Manuel, en tanto es presentado como un conjunto de negaciones (no-artista, no-heterosexual, no-blanco), solo puede ser ficcionado desde el relato médico-biologicista, que atomiza su propia identidad. En esta última emergencia sanitaria, con el fin de detener la huelga de hambre y sed, la exposición en los medios oficiales de los datos clínicos del artista desvanece la totalidad de Otero Alcántara como sujeto político.

Esta alienación pretende desarticular la red de solidaridad que despierta Luis Manuel en tanto sujeto queerizado, emergente de las múltiples discriminaciones; alienación que encuentra resistencia en la propia corporalidad del artista.

Tres generaciones por el Día de las madres

Por el día de las madres, la artista May Reguera subió a su Instagram imágenes de tres mujeres, que se abrazan mutuamente. En ellas, se infiere la relación familiar, incluso generacional. La artista además al dedicárselo a las madres, incluso a las son y no tuvieron hijos, hace explícita esa relación. La foto con fondo mostaza hace que resalte el color de la piel desnuda de las modelos negras y afrodescendientes. La sonrisa en complicidad con la cámara nos hace cercana la experiencia de afectos entre ellas y nosotros. Sin embargo, la sensibilidad de Reguera activa otros discursos que a veces se soslayan cuando se hace este tipo de propuestas. Ella prefiere esta vez hablar de la diversidad de las mujeres (etárea, corporal), y desde la racialidad. Fuera menor si no supiéramos que estos discursos se inscriben en un mapa de representación homogeneizante blanco, cisheterosexual. La artista en otras ocasiones ha ahondado en la figuras de los cuerpos y sujetos trans, no binaries, queers. Reguera además hace un guiño para una posible relectura de “Las cuatro generaciones” de Landaluze y su motivos costumbristas, cuyo objetivo era describir tipos cubanos desde una óptica racista. No hay nada más especular y huidizo que la identidad, pero al margen de ese relato nacional, lo que salva la artista es la belleza y el amor que son universales. Por supuesto, esta imagen no totaliza la nación, como creo que no lo intentó la artista, sin embargo, entre tantas referencias a las madres cubanas, esta es una de ellas. Más nuestra por más diversa.

Leo y los límites del socialismo cubano



En días reciente el joven Leonardo Romero Negrín salió con un cartel a protestar en contra de la represión pero a favor del socialismo, exactamente decía la pancarta: “socialismo sí, represión no”. En ese mismo evento un grupo de activistas políticos fueron detenidos por llevar a cabo una protesta a favor de Luis Manuel Otero Alcántara, quien se encontraba en huelga de hambre y sed, con cerco policial que no permitía que llegara nadie a Dama 955, excepto familiares. Sin embargo, la detención de Romero Negrín y la continuidad del proceso penal nos interpela sobre la situación de Cuba en torno a los derechos, la Constitución, los valores democráticos y, por ende la crispación social.

Cuba vive una crisis política profunda. Al concluir el octavo congreso y la elección del buró político dejó claro el cierre de filas por parte de esa organización partidista. No obstante, y contrario a lo que parece ser la continuidad de la Revolución, la sociedad cubana vive una etapa de polarización, marcada por la pandemia, el reordenamiento económico y la dolarización de la economía. Hoy la contingencia social no se marca por la política sino por el desabastecimiento y el mercado negro que duplica el valor del dólar con relación al canje en el banco. La sociedad, expuesta al bloqueo estadounidense, sobrevive, sin lugar a dudas, en el día a día de las colas y lo que pueda conseguir.

En este escenario, en el que las libertades se han visto contraídas por el imperativo de controlar la pandemia, han emergido tendencias que no son opuestas al gobierno cubano, sino voces que intentan reformar el sistema socialista, actualizando algunas de sus premisas fundamentales. El Estado, por su parte, no se ha podido adecuar al signo de la época y ha respondido con mayor intolerancia. Su retórica maniquea de revolucionarios versus contrarrevolucionarios ha perdido el efecto que tenía décadas anteriores.

Una nueva generación de jóvenes expresa la heterogeneidad y heteroglosia de los postulados con que se vive en la actualidad. Cuba no es ya, y puede ser para nunca más, el bloque monolítico con que se presentaba al mundo. Cuba hoy es la suma de esa fragmentación de tendencias, activismos, sueños, expectativas en relación con las instituciones y la ciudadanía. Las redes sociales han ayudado también a reconstituir una sociedad civil que se agotó por las vías formales. El 27 de noviembre cuando artistas e intelectuales se plantaron delante del ministerio de cultura, lo hicieron, entre otras cosas, por la brecha entre la institucionalidad y las aspiraciones diversas de la gente, por la falta de vías efectivas para canalizar las demandas.

La inserción del estudiante de física Leonardo Romero en esta compleja red de vínculos, se debe a su personalidad sensible y su pensamiento de izquierda. La presencia en ese día, habrá que darle la razón a Humberto López, no fue “espontánea”, pero tampoco fue la de un joven confundido, como precia en decir Abel Prieto. Su apelación a un socialismo más abierto e inclusivo radica en las fuertes contradicciones sociopolíticas que se viven. Sin embargo, su presencia se entendió como alteración al orden público y no como acto radical en defensa al socialismo. ¿Cómo es posible que la alternativa de Romero Negrín pugnara no con los disidentes sino con la policía política que estaba en el mismo lugar? ¿A causa de qué entender su presencia como una provocación cuando, la misma seguridad del estado ha usado a ciudadanos para realizar mítines de repudio? Resulta evidente que el socialismo de Estado no comprende la iniciativa más allá de la orientación. Leonardo jugó a la democracia y terminó golpeado por la falta de libertades que, aunque expresas en la Constitución, su aplicación sigue siendo problemático para el gobierno.

En los últimos tiempos, los temas LGBTIQ, la racialidad, los feminismos, las desigualdades sociales son recepcionados desde el aparataje ideológico. La instrumentalización de estos fenómenos sirven tanto para atacar al adversario político como alimentar viejos e históricos resentimientos en la sociedad. Los activismos se reconfiguran también de manera abierta e interseccional, e algunos casos. La posibilidad de extender afectos políticos, en ese denso entramado ideológico, articula la pluralidad para lograr un mejor país. Habría que ponderar sobre todo la legalidad y el respeto a la Constitución. La vía para ello es el reconocimiento, respeto y garantía de los derechos constitucionales. La ley no otorga privilegios de un grupos sobre otros sino que reponsabiliza por igual a todos los ciudadanos.

El deber del Estado está en reactualizar el sistema político y sanear el espacio público, a tal punto en que no sea excluyente y exprese la diversidad social, sexual, política, cultural emergente. Me niego, tal vez por mi práctica como activista, a ver el escenario político como de fuerzas pugnantes, sino además existe la posibilidad de construir consensos entre grupos, de elevar la democracia desde los microespacios de la ciudadanía. Por tanto apuesto, porque la presencia de Leonardo Negrín y Luis Manuel Otero Alcántara sean legítimas en la sociedad civil, con sus derechos y sus deberes.

Leonardo descartó la crisis que intentará evitar que otros jóvenes alcen sus voces aunque sea a favor del Estado. La imagen de Leo, enjuto y ralo, como el Quijote, difícilmente borrará que quienes sostienen la esperanza lo hacen como último aliento. Quizás asistimos a la última apuesta, como el 27N, por un sistema que pide a gritos su reactualización.

Estaba en los mitos

En casi todas las mitologías y religiones hay una historia de un niño que es el salvador de esa nación, pero antes de nacer y, habiendo sido profetizado, quienes representan los poderes administrativos intentan a toda costa darle muerte. Saturno cuando devora a sus hijos. Moisés cuando es puesto en un canasta a merced de la corriente del Nilo. Hay quienes, parece decir la mitología, a pesar de las adversidades van a cumplir su misión en la tierra. Más cercano a nosotros, pero igualmente significativo, en 1871 el adolescente José Julián Martí Pérez llegaba a España luego del destierro por parte de las autoridades coloniales, a causa de su actividad política. La historia es archiconocida: sus vínculos con una juventud impetuosa, al calor de una interminable guerra y, su propio espíritu revolucionario, lo llevaron a destierro y posterior exilio en el que Cuba fue su estrella más brillante. Ni alejarlo de su tierra, ni distanciarlo de su familia apagó la llama por la libertad de Cuba. Aún así convocó, escribió, laboró, edificó a favor de Cuba. Una pequeña intolerancia puede ser la diferencia en un acto de consecuencias inexplicables. Cuando mañana despertemos y veamos el rostro de Karla Pérez, como la nueva cara de la oposición, piensen siempre que fue construido, aupado y avivado por aquellos que no vieron, o no quisieron ver, la potencia transformadora de estos pequeños actos. En estos viejos mitos, la contraposición del viejo orden, déspota y autoritario, frente al nuevo, destinado a establecerse, es un fatum inextricable. A pesar de todo cuanto haga el poder estatuido llega el momento del cambio. Solo la imaginación política y la democracia harán valer un lugar verdaderamente revolucionario. Estas historias no han estado tanto tiempo por gusto.

Hace un año el rey emérito Juan Carlos I dejaba España por su propia voluntad camino a Abu Dabi. A su paso dejaba una estela de corrupción que removió los cimientos de la monarquía borbónica. El rey Felipe VI se vio impelido a declarar que su padre no recibiría sueldo de la Casa Real y él, por su parte, rechazaba cualquier herencia de su padre. Salvando las distancias, Sandro se parece más a la familia borbónica que a los cubanos de a pie o a secas; y su “sencillez” no radica en la virtud de valores compartidos sino en exhibir cuánto posee y cómo puede disponerlo. No habría problemas si esta sociedad fuera capitalista y monárquica. Nos quedaría decir “cómo mola el tío”, pero sucede que su actitud de chico rico se contraviene con nuestros valores socialistas.

En Cuba las ciencias sociales no han podido resolver la conjetura si existen clases sociales o son sectores o grupos con ingresos por encima de la media. Esta (no) conceptualización, evidentemente, ha servido para dejar correr soterradamente personas y grupos sociales con capitales que exceden la norma. Mucho se habla de la pirámide invertida y el daño que causa en sectores claves como la salud y la educación, pero casi nada se dice de la rendición cuenta de manera transparente y accesible a la ciudadanía para que sean ellas las que fiscalicen adónde, qué se hace y, cómo se maneja el erario público.

Me pregunto además qué hubiera sucedido si el video lo hubiera expuesto a un ciudadano común (aunque para tener un Mercedes Benz no se puede ser muy común, que digamos), si esa persona también fuera de piel negra. ¿Qué responsabilidad tendría por el exceso de velocidad, que es el menor de los males? ¿Qué vínculos serían desenmascarados para entender que la felicidad, en términos sencillos, puede llegar a 140 en carretera? Sandro nos mostró lo que es y cómo es. No hay que desligarlo de su familia, como el felipismo intenta limpiarse del juancarlismo. En definitiva, los privilegios perviven, se suceden (como la sucesión al trono) y la vida licenciosa es parte del bon vivre al que la mayoría, más del 80 porciento que votó por la Constitución, no puede aspirar.

No hay defensa posible, en una sociedad en la que enseña que el gana o ha recibido más debe aportar más. Ahí que los médicos que se deciden quedarse son pensalizados a casi por una década no retornar y con la pérdida de todos sus bienes. No vale que Israel Rojas y los bots, que exponen a los periodistas independientes y a todo aquellos que tienen una posición crítica, quieran separar la paja del grano, como si fuera tan fácil.

Desgraciadamente, aunque no quieran, llevan al mismo lugar. Sandro nos espetó cuántas Cubas existen: hay una que vive de las colas y otra que, bueno, llega a 140, sencillamente. Ya no es pertinente preguntarse si existen clases sociales en Cuba, sino cómo redistribuir mejor y equitativamente para que todos podamos vivir decentemente. Sandro lo que hizo lleva más que un regaño, lo saben bien. Al menos la mano dura y el “todo el peso de la ley”, que es lo que piden los radicales extremistas cuando algo sucede a otros. De otro modo, solo demostramos que todos somos iguales pero que hay unos más iguales que otros.

Nicolás Guillén: sujeto caribeño y la visión de la rebeldía contenida (Aproximaciones a West Indies. Ltd.)

I.
Entre las múltiples líneas transversales de nuestra identidad, lo caribeño se halla como sitio de emplazamiento de una serie de irrealizaciones socioculturales y políticas, originadas en los predios de la colonialidad histórica, es decir, desde las primeras crónicas colombinas y nacimientos de las ciudades letradas. El plazo de nuestra existencia —los caribeños, los antillanos, los canibales— por el mundo, pende de esa suerte de ejercicio que, unido a otros valores culturales de amplio espectro, se condensa además, por nuestra insulae conditio, de vivir física, espiritual e intelectualmente varado en una isla. Para bien o para mal, ha sido el reducto de siglos de dependencia económica, sistemas esclavistas, cruzamientos interraciales y una constante hegemonía racista supeditada a intereses de clases. La historia del Caribe, plataforma de modelos coloniales diferentes, da testimonio de los destinos diversos de hombres y mujeres que, llegados de todas partes (Europa, África, Asia), reconstruyen naciones transculturales y transdimensionales.

Al arribar la década del 20 del pasado siglo, para Cuba y el Caribe, la fisonomía de las distintas naciones caribeñas adquiere cierta compactación, una fusión producto de culturas dispares y con diferentes niveles de desarrollo y participación sociopolítica entre los grupos étnicos. Este fenómeno trae aparejado, por una parte, que lo negro, lo blanco, lo indio o lo aborigen, no se corresponden con un caudal identitario y cultural ancestral, sino que representan, casi exclusivamente, la problemática de la posición social, según el color determinante de la raza; y, por otra, queda negada la presencia del Otro en la organización de una sociedad heterogénea de cara a la Modernidad. Amén de las estructuras coloniales, se produce un viraje retrospectivo de la población africana, sus descendientes y tradición simbólica y ritual. Las oleadas migratorias de jóvenes artistas e intelectuales del Caribe, ayudaron a la valoración de un corpus —físico y espiritual— caribeño inédito hasta ese momento. Recordemos la Windrush Generation aunque posterior es símbolo de décadas de trasiego y legitimación culturales hacia las principales capitales europeas. Fue realmente un renacer como sujetos caribeños allende a los mares, mediado por la distancia y la memoria afectiva.

En el caso de Cuba, el paso de una sociedad colonial a una república resultó no sin conflicto. Treinta años de guerras independentistas (1868-1898), la intervención de Los Estados Unidos e imposición de una enmienda (Platt, 1901) a la constitución, limitando la soberanía nacional y ciertos desbalances económicos, no mejoran la situación de la población afrodescendiente en la Isla, sino que intensifican el abismo para acceder a determinadas esferas políticas y socioeconómicas principalmente. En el plano político, quedan truncas las posibilidades de crear partidos con un programa y proyección raciales, previstos en la Guerrita del 12, donde bajo mandato presidencial se da muerte a miles de negros sublevados en la zona oriental del país. Por su parte, el debate público, en torno a las cuestiones de racialidad, defendía la postura que la persona de «color» debía ser educada en la tradición occidental eurocentrista e ir desprendiéndose de los remanentes culturales provenientes de África, por considerarse prácticas incivilizatorias. Juan Gualberto Gómez y Martín Morúa Delgado, ambos estadistas negros, resguardaban a la postre estas ideas, al margen de corresponder a ideologías distintas. Como se puede percibir, la situación hasta la segunda década —y aún posteriores— de la República estaba lejos de potenciar marcos mínimos de desarrollo y sociabilidad en sectores negros, cuya presencia demográfica era una de la más alta. Además la presencia sempiterna norteamericana en los asuntos internos y la ideología imperialista, hacían inestable la situación en la Isla, resentidos en sectores negros y pobres de la sociedad cubana que muchas veces era referirse a lo mismo.

Es menester señalar un aspecto que, por lo general, la crítica soslaya o no lo reviste de la suficiente importancia, al apresurarse a demostrar el carácter reivindicativo del movimiento negrista, como fenómeno naciente de los artistas caribeños en la búsqueda de un medio de expresión social ante la desigualdad interétnica —lo cual no deja de ser cierto, pero inexacto— y obvia el interés cultural y académico, esencialmente, proveniente de Europa. Era, pues, una vía de evasión del Viejo Continente ante las penurias de la primera postguerra, acercarse o trasladarse a África y «descubrir» un universo otro distante de la opresión cultural y la devastación de las ciudades europeas. Las potencias mundiales recogían las minucias resultantes de las acciones bélicas, mientras el gran público se interesaba en nuevos horizontes más allá de sus fronteras. Debido a esto, todo aquello que aludiera a lo exótico tenía un valor agregado de gran estima en estas generaciones. De este modo, podemos comprender a cabalidad la famosa frase de Lydia Cabrera cuando afirma haberse autorreconocido como cubana en Europa. Este proceso de «anagnórisis» no surge de presunciones filosóficas sobre un material óntico de sí y para sí, sino tiene consecuencias en la construcción de un sujeto emigrante cuya lucha cotidiana es legitimar una identidad preterida y periférica. El crítico y poeta puertorriqueño Eugenio Suárez-Galbán manifiesta al respecto algunas nociones que nos permiten ver la relación en su conjunto:

(…) se trata en realidad de un triple proceso de transculturación: Europa alerta a América respecto al valor de las culturas africanas subsaharianas; América despierta a la presencia largo tiempo ignorada de ese segmento africano en su propio seno; entre las imitaciones de la moda europea que olvida los aspectos más tristes de la diáspora africana, surgen en América algunos escritores que, al contrario, aprovechan la moda tanto para celebrar como para reivindicar esa presencia africana. De suerte que puede decirse que África llega a América a través de Europa, pero América a través de poetas como Palés y Guillén reconoce sus auténticas raíces africanas en vez de simplemente importar otra versión europea de sí misma, o de uno de sus componentes. Es decir, al defender la integridad afroamericana de esa poesía en contra de los que la consideraban una moda artificial, el poeta boricua y el cubano rompen la manipulación cultural europea del hombre y la mujer americanos.

Este hecho es significativo, no por sí mismo, sino en la conjunción con las realidades sociales de las diferentes islas y los procesos en auge de movimientos reivindicatorios del negro en específico pero, también, los grupos anarco-sindicales y marxistas que pugnan contra los gobiernos por la obtención de mejoras laborales, de bienestar, entre otras. A partir de la década del 30 en adelante, existe una intelectualidad que privilegia la temática negra en el Caribe. Se darán determinadas acciones que demostrarán las imbricaciones sociales, políticas e ideológicas que tenían el reconocimiento del estrato africano en la identidad de las naciones caribeñas. El movimiento Back to Africa, la propuesta teórica de la negritud —con sus detractores incluidos— o los postulados de un George Lamming, Franz Fanon o Éduard Glissant, son las coordenadas filosóficas, poéticas y políticas de un pensamiento descolonizador caribeño. Al contrario de la emergencia europea en las Antillas, el reconocimiento del sujeto negro para esta época no es una degustación de lo exótico y pintoresco de los habitantes de las islas, como la visión impuesta desde los XVI y XVII por el discurso ideotemático de los grabados de igual periodo. Pasa, primero, por una serie de afirmaciones y negaciones que dan al traste con un sujeto conflictivo y empieza a disentir con el modelo secular. Este lo oprime y lo confina al estatus de dominado en tanto invisibiliza su identidad.

II.
Nos queda, pues, preguntarnos cuáles son las circunstancias en las que se inscriben Nicolás Guillén (1902-1989) y West Indies Ltd. (1934). Sería, no solo una interpelación metodológica en cuanto nos centra en las causas históricas, culturales y políticas que dan emergencia a una obra capital dentro de la producción de Motivos de son y, por tanto, pergeñar una teleología discursiva —cierta o no— que nos conduzca a reflexionar en la gradación y amplitud de las temáticas más abordada por el vate. Sino además, estaríamos en el meridiano del universo autoral, ya que se produce con esta obra una variación en la perspectiva, en cuanto a la compresión más visceral de la realidad que enuncia.

No es, para West Indies Ltd., la belleza del «color local», ni lo tragicómico de un sector social que sobrevive a toda costa, ni sus poemas-sones contagian con la musicalidad típica de los poemarios anteriores, aunque no deja de estar presente. Se ha producido con esta obra un desenlace que le permite dar conclusión a lo que creemos su primer momento de producción poética y discursiva, queda así demostrada su visión social de la realidad antillana. Entiende, a la manera marxista, el quid de las inequidades, el eje de los males sociales, parte de la estructuración económica, de un modelo de nación subdesarrollada, incapaz de establecer mínimos de justicia entre ciudadanos, sin que ello suponga una obra panfletaria.

Las décadas del 20 y 30 se constituyen al lado de las luchas en contra a la dictadura de Machado y los gobiernos títeres puestos por Batista, en la búsqueda de una expresión nacional que engendró interesantes planteamientos en cuanto a la construcción de un sujeto cubano en su dimensión histórica, filosófica y cultural. Se rescata nuestra africanía en la creación de obras que en su simbiosis reprodujeran el espíritu de la época. Se experimenta o se piensa una zona, hasta ese momento poco trabajada, al menos, distante de la visión romántica del siglo XIX. La labor de Fernando Ortiz y sus ensayos etnográficos y etnológicos, iniciados como una serie de estudios criminológicos en detrimento de la población negra. Los artículos periodísticos de un joven Alejo Carpentier, sobre la música cubana y su primera novela Ecué Yamba Ó (1931) testimonian de este intento. La música de Amadeo Roldán, Alejandro García Caturla o Ernesto Lecuona, en la que incluían ritmos e instrumentos afrocubanos proporcionan sus exploraciones en este terreno, legando títulos clásicos como La rebambaramba, Tres lindas cubanas o La comparsa, respectivamente. Otro que podemos agregar es Virgilio Piñera con el poema La isla en peso (1943) o Electra Garrigó (1948), aunque son piezas del 40 apuntan el espíritu simbiótico y revolucionario del movimiento que reconstruye lo cubano desde todas las simientes. Además esta es una corriente que no se detiene durante la República y en la Revolución adquiere nuevos registros inéditos.

En 1930 se publica en el Diario de La Marina los ochos poemas que constituyen Motivos de son. Con ellos, Nicolás Guillén introduce un nuevo peldaño a la poesía social liderada por Agustín Acosta y otorga visado al movimiento negrista que luego sirviera de presupuesto para disuadir los límites fonéticos y métrico-rítmicos como en el caso de Emilio Ballagas, R. Guirao, entre otros. Estos ocho poemas desconciertan por la sonoridad tan cercana a la música popular como el son y la rumba y, aunque los estudiosos se han apresurado en hablar de denuncia social en este primer libro, la ambigüedad en los poemas se presta a variadas lecturas, es decir, es necesario determinar si la crítica parte del contexto poemático o de las situaciones particulares recreadas. “Hay que tené boluntá”, “Búcate plata” o “Tú no sabe inglé” concretan un escenario de precariedad económica, pero no evidencian una condena explícita al estatus quo en que se vive.

Luego con Sóngoro cosongo (1931), la exploración del mundo antillano está más latente desde el propio título, es decir, el uso de una onomatopeya que registra la cadencia rítmica del Caribe y el prólogo donde reconoce el mestizaje de sus poemas, que, no es más, una forma de reconocer el fenómeno simbiótico de nuestra cultura. Títulos como la “Llegada”, “Pequeña oda a un negro boxeador cubano”, “La canción del bongó”, enuncian no solo la continuidad con Motivos de son, sino delatan un posicionamiento analítico declarado de manera más frontal en relación con los poemarios anteriores, y una apertura temática mayor. Una denuncia a los vejámenes sociales, a la pobreza, al racismo sin que se reclame una postura radical superior. Viene a concretarse, entonces, esta asunción de un pensamiento revolucionario, en un primer momento de producción poética y discursiva con West Indies Ltd. en 1934. El giro se encuentra precisamente en el poema que da título al libro. Estos tres poemarios, aunque haya cuatro años de diferencia entre uno y los otros, el verdadero valor se encuentra en la lectura global de los tres libros, ya que el ascenso a una posicionamiento cuestionador y revolucionario no se despegaría más nunca en él, pero literariamente queda concluida la primera etapa de su producción.

Desde este punto de vista, nos percatamos que los dos temas capitales en Guillén, la situación del negro y las condicionantes sociales de una revolución en el poder, no llegan, de uno a otro, a través de un salto olímpico, sino que su poesía da muestra de una gradación ideológica y mayor sensibilidad política, que lo hacen alejarse del pintoresquismo del movimiento negrista en la poesía desde su surgimiento mismo, para tratar temas de rigor y de conflictos identitarios redundantes en lo negro (evito exprofeso hablar de negritud en Guillén), pensamos en “El apellido”, pero que atañen por la esencia del conflicto en sí, a sectores más amplios. Sin duda alguna, el germen de esta traslación, que muchas de las veces es una fusión, se encuentra en estos tres poemarios definitivamente.

Es sugestiva la postura de Cintio Vitier al analizar la poesía de Guillén en Lo cubano en la poesía, como expresión genuina de cubanía. Afirma que “un negro cubano típico se parece más a un blanco cubano típico que a un negro de África. Entonces lo que nos acerca y hermana es algo que no tiene que ver directamente con la raza.” Lo cubano en Guillén, como lo caribeño no entra de la escisión de alguno de los componentes esenciales racialmente, ni de la radicalidad programática de su postura política o ideológica. Es el corolario de la mezcla, unidad e integración de todos los sujetos sociales en la construcción de nuevas circunstancias sociales. El valor de la poesía de Guillén queda muy bien expuesto por el ensayista y poeta Jorge Luis Arcos cuando afirma lo siguiente:

La expresión misma de lo nacional o concretamente de lo cubano, que había venido conformándose poéticamente desde el romanticismo, y que había alcanzado con nuestro modernismo (Martí y Casal) una independencia creadora con relación a los modelos europeos, especialmente hispánicos, se ve de cierta forma alterada, subvertida, enriquecida y, valdría decir, re-creada o, incluso, transculturada. No significa lo mismo que esa integración (me refiero a una equivalente integración de todos los componentes étnicos y culturales a la nacionalidad cubana) no se hubiera cumplido en la sociedad, o sólo muy parcialmente, a que por primera vez se expresara con plenitud desde una voz poética singular.

En cambio, va más lejos cuando reconoce el papel transgresor del autor de Tengo, visión que es compartida por Nancy Morejón quien ha dedicado parte de su labor ensayística al estudio del Poeta Nacional:

La poesía de Guillén se desenvuelve dentro de una difícil tensión: por un lado, se nutre de los componentes criollos de procedencia africana, ya mezclados con otros hispánicos, pero relegados a una condición periférica, y trata de legitimarlos estéticamente, a la vez que asume profunda y creadoramente toda la cultura, toda la tradición poética implícita en la lengua española . Guillén es, pues, como pudiera apreciar Roberto Fernández Retamar, un ejemplo paradigmático del intelectual que se apropia de la lengua, de la cultura metropolitana para re-funcionalizarla, incorporando exactamente un nuevo mundo que a la postre alumbrará una nueva cultura.

Por eso nos resistimos cuando se le atribuyen a la poesía de Guillén diferentes taxonomías que lejos de aportar síntesis a los estudios guilleneanos, oscurecen el significado y repercusión de la obra dada. Un trabajo al respecto nos alertó de este peligro. El concepto «afrorrealista» acuñado por Quince Duncan, nos parece un tanto desfasado, puesto no refiere un campo teórico-discursivo tangencial como el corpus descrito a la hora de abordar a Guillén. Si bien, el autor de Motivos de son se interesó por los temas del Negro y sus circunstancias particulares, siempre trascendió esa visión empaquetada de la realidad negra y en conjunto a una gradual y creciente vocación ideológica de izquierda, pudo recrear desde la poesía un sujeto —negro sí, pero no necesariamente— desclasado y preterido.

Si los dos poemarios anteriores los dedica al cosmos negro no se debe solo a un “inédito sentido de pertenencia” por lo afro. Desarrolla, en torno a las peculiaridades métrico-rítmicas de sus versos, un discurso en contra de un modelo de marginación social y exclusión de los centros de poder que junto a otros males sociales, el problema racial es fundamental. Esto es perceptible, Guillén no es precisamente un novelista, aunque se dedicó al periodismo cultural y social desde la década del veinte, es decir, por su propia formación y sensibilidad, es capaz de captar esencias, con una perspectiva diferente, lo cual le permite insistir, una y otra vez, sobre cuestiones latentes, pero sin que se truequen caminos trillados o desactualizados. Hablar solo de afrorrealismo es obviar o minimizar el discurso de integración social, racial y cultural que emergió en Guillén y es parte central de un constructo de caribeñidad, menos radical que la negritud de Aimé Cesaire, pero de izquierda militante y de inspiración marxista y martiana.

Tampoco nos parece lúcida la idea maniquea de algunos estudiosos que vinculan la condición mulata de Guillén o los nexos paternos con el Partido Independiente de Color y su posterior muerte en la Guerrita del 12, para que Guillén se sintiera comprometido con ideales progresistas y de izquierda. La experiencia poética, política y revolucionaria del autor de La paloma de vuelo popular es totalmente genuina y está relacionada con su propia voluntad humanista, la cual no desconoce las peripecias personales. Los maniqueísmos dialecticos lejos de aportar seriedad, nos impresiona por su reticencia y carácter determinista.

III.
West Indies Ltd., visto desde la distancia y conformación de la obra guilleneana, es un poemario que da cierre, como lo entendemos, a los dos poemarios anteriores y alcanza una mayor sensibilidad política al acusar al sistema, a la maquinaria y no a situaciones concretas donde el negro es el sujeto explotado, tanto por el ordenamiento socioeconómico como por jerarquías culturales. Esto de alguna manera lo hemos adelantado, no solo ya que es pertinente en la obra de Guillén, sino también porque nos evidencia cierta coherencia ideoestética que penetra la experimentación fónica para recrear géneros musicales cubanos de extracción popular como el son o la rumba. Esto, lejos de ser un comodín versificador, es el aporte linguoestilístico más importante y al que la crítica, no sin justeza, le ha concedido cierto detenimiento. El traspaso de la música popular y la oralidad al verso en Guillén posee tal trascendencia en lengua castellana que solo es parangonado por las innovaciones de los Siglos de Oro. La poesía de Guillén es un encuentro entre lo hispano y lo africano, entre lo cubano y lo caribeño, en un sustrato telúrico y poético: Es el fenómeno que con mayor fuerza irrumpe en el panorama literario epocal e influye en el movimiento de vanguardias.

La edición príncipe del libro en cuestión nos aporta un detalle, que en las sucesivas rediciones y antologías de Guillén se omiten. Tal vez porque no se le confiere mayor importancia a la hora de analizar el poemario o se sobrestima este hecho. La edición de Úcar, García y cía. de 1934, está dividida en dos secciones. La primera recoge una serie de doce poemas, en los cuales las temáticas abordan los tópicos habituales y en la segunda solo aparece “West Indies Ltd.”. Es significativa esta separación con el resto del cuerpo y precisamente sea este quien dé título al poemario. No es un mero acto casual, delata la emergencia de un pensamiento de mayor radicalidad y posicionamiento ideológico más genuino y el original humor de Guillén. Sin embargo la inclusión de otros poemas como “Canción de los hombres perdidos” y “Guadalupe W. I.”, presentes en ediciones sucesivas, nos hace comprender tres caminos posibles: este tipo de proyecto no fue totalmente acabado o los poemas agregados a pesar de ser posteriores entran en consonancia con la voz de este poemario o, se debía, más bien, al interés del escritor por concertar nuevas facetas imaginales e ideoestéticas de su poesía. Esto, desde luego, merece un estudio más definitivo.

Los presupuestos con los cuales emprende un poema como “Sabás”, encierra la posibilidad de cambiar el presente desde una toma de conciencia de la situación enajenante, no por el protagonista, sino por el hablante poemático quien reflexiona acerca de transgredir el modus vivendi de aquel. Sabás el pordiosero puede hacerse «hombre» en cuanto deje de vivir sumiso, es decir, de la benevolencia de aquel que detenta y niega su espacio de actuación a Sabás (como sujeto colectivo). Un cambio, que, emprendido desde la autoridad del sujeto poético, replantea la condición infrahumana e insiste en la conversión desde la potencialidad de la palabra.

Coge tu pan, no lo pidas;
Coge tu luz, coge tu esperanza cierta
Como a un caballo por las bridas.
Plántate en medio de la puerta,
Pero no con la mano abierta,
Ni con tu cordura de loco:
Aunque te den el pan, el pan es poco,
Y menos de ese pan de puerta en puerta. (N. G, 2008. p.69)

Anteriormente, la caracterización de Sabás como «bueno», «loco» y «bruto», un sujeto adormecido en el decurso de la historia, se connota con este fragmento que esconde un grado de violencia textual. Es decir, las relaciones paratácticas y coordinantes entre las oraciones establecen un giro sintáctico que nos alerta sobre la voluntad de producir un viraje histriónico isofacto, fundido en la emergencia del tránsito propuesto por el hablante. La interacción hombre-realidad en la intelección del sujeto poemático ha de conducir a la acción, a la trasgresión, al movimiento.

La muerte, a veces, es buena amiga
Y el no comer, cuando es preciso
Comer, el pan sumiso,
Tiene belleza. El cielo abriga.
El sol calienta. Es blando el piso
Del portal. Espera un poco,
Afirma el paso irresolutos
Y afloja más el freno… (N.G, 2008 p.70. El subrayado es nuestro.)

El acto ha de transfigurarse en acción y la acción ha de acabar con las ataduras seculares, donde el reclamo trasciende las necesidades primarias para otorgar la vida. Así el poema pasa de la mera descripción al reclamo de conciencia de la rebeldía contenida, frente a los vejámenes sociales, que en este poema se nos muestran. Por su parte, el dramatismo es adquirido por la nitidez de los límites raciales de un breve poema como “Guadalupe W. I.”, en el que el estrato socio-racial es centro de un patrón represivo cuya fuerza expresiva parte de la reiteración y concentración de la imagen central.

Los negros, trabajando
Junto al vapor. Los árabes, vendiendo,
Los franceses, paseando y descansando,
Y el sol, ardiendo. (N.G, 2008. p.66)

Pero no solo nos enfrenta a la problemática de la racialidad, sino al problema de la construcción de la nacionalidad, en un espacio intercultural y en la que sus componentes sociales no se basan en la creación de un locus identitario especular. La carencia de símbolos de identidad nacional, enajena a los individuos de sus faenas particulares, de un espacio raro y enrarecido para el hablante poemático, y provoca el silencio —«Yo grito: ¡Guadalupe!, pero nadie contesta»—, tiene una anticipación en el título: “Guadalupe W. I.”, donde las siglas significan Indias Occidentales en español, y es la denominación inglesa de su emporio económico en las Antillas, con el fin de obtener materias primas, como azúcar, frutas tropicales, entre otras. La vida se constituye en el mar, en la llegada o partida de las embarcaciones, pero la Nación no existe. En este sentido, los elementos se conciben en fuga y en la extraterritorialidad. La noción de Patria queda fuera de los márgenes del proyecto mercantil del Caribe, pero esta perspectiva se agudiza en “West Indies Ltd.”, donde el componente nacional es reducido a una caricatura.

Otro poema que participa en derredor de las labores portuarias es “Nocturno en los muelles” —N. G, 2008, pp.70-71— que, con agudo acento modernista, modela figuraciones contrastivas entre la noche apacible y las energías contenidas de “hombres musculosos y débiles”, unidos en las barracas insalubres y entregados al sueño de la vida miserable y fabril del puerto, la realidad inmediata. El sujeto poemático se cuestiona la densidad histórica de esa colectividad invisibilizada — ¡Oh puño fuerte, elemental y puro!/ ¿Quién te sujeta el ademán abierto?— que siente irredenta pero domada en «la gran quietud [que] se agita». Estos seres se silencian y trasmutan su dolor de «heridas pálidas sin vendas» a las cosas que los circundan y son ellas, desde la construcción metafórica que el autor nos enuncia, las que protagonizan la rebelión ante el conformismo y la sumisión: «y el faro insulta al malecón desierto» y «El faro grita sobre el mar oscuro». Desde luego el alzamiento al que poema nos empuja es un acto titánico inalcanzable o, mejor, impensable entre quienes lo experimentan pero no deja de ser un acto callado de rebeldía. Por eso el tono de lamento del poema, acarrea la impotencia del sujeto poético ante la inmovilidad de los que pueden cambiar el mundo.

«¡West Indies! Nueces de coco, tabaco y aguardiente…/ Este es un oscuro pueblo sonriente», así comienza el poema “West Indies. Ltd.”, cuyo tono festivo no nos distancia del encuadre sarcástico con que el autor ironiza la(s) realidad(es) de las islas caribeñas. El autor se apoya en la modulación discursiva de una guía turística y, desmonta la idea del Caribe como paraíso afrodisiaco y exótico para el esparcimiento del extranjero europeo y blanco. En este texto no deja de lado los recursos fonoestilísticos de los poemas más antológicos, sino que conmociona el poder de síntesis y argucia con los que expresa el dolor de un pueblo, de una isla, por medio de lo más representativo del Caribe, su musicalidad.

El sujeto poético nos devela a las Antillas o West Indies, como reducto mercantil de las potencias y transnacionales foráneas que, para su interés económico y explotación, banalizan, ad absurdum, la socialización capaz de confluir en identidad nacional. Por tanto, el constructo de lo nacional deviene mímesis de los modelos occidentales y representa, abiertamente, los intereses de compañías extranjeras. Una panorámica de las historias de los países antillanos, nos dará más de un elemento para no obviar este hecho, el cual Guillén conoce muy bien.

La burocracia está de acuerdo
En ofrendarse a la Nación;
Doscientos dólares mensuales
¡Que siga el son! (N.G, 2008. p.51)

Desde luego la teatralidad y la máscara en las islas del Caribe permiten la pervivencia de sujetos multifacéticos y la recreación de espacios perfomativos en función de la mise en scène: un eterno Moulin rouge o carnaval veneciano, donde se juega a no-ser —«puertos que hablan un inglés/ que empieza en yes y acaba en yes./ (Inglés de cicerones a cuatro pies.)». La fuga de sí, de esconder al Otro, es el acto constante de silenciar la voz de los seres preteridos por el discurso de la Historia. Precisamente, el quiebre de esa actitud secular se encuentra en la criollización de los pueblos que en los casos, como en las colonias francesas e inglesas, produjo una violencia lingüística, augurado en el nacimiento del creole. Sin embargo, las colonias hispánicas, el proceso de colisión intercultural contrajo consecuencias en nuestra perspectiva de concebir un panorama nacional más amplio y de inevitable presencia negra. La mestización o la mulatez de nuestra identidad parten de los estrechos marcos de interrelación racial, iniciados desde la llegada de Colón. De esto no solo está convencido Guillén, sino que ridiculiza las conductas de pureza racial:

Me río de ti, blanco de verdes venas
— ¡bien se te ven aunque ocultarlas procuras!—
Me río de ti porque hablas de aristocracias puras,
De ingenios florecientes y de arcas puras. (N.G, 2008. p.50)

O en este otro fragmento donde desafía al purista en cuestiones de racialidad:

Aquí hay blancos y negros y chinos y mulatos.
Desde luego se trata de colores baratos,
Pues a través de tratos y contratos
Se han corrido los tintes y no hay un tono estable.
(El que piense otra cosa que avance un paso y hable.) (N.G, 2008. p.49)

La densidad dramática del problema racial, no se encuentra, como podría pensarse, en la fusión inevitable y la negación a posteriori de ella. Sino en la no asunción de una conciencia de dignidad intraétnica que autogestione su propio constructo en la sociedad y, por tanto, desconoce —o irreconoce— su potencialidad para producir un cambio sustancial en el entorno social y cultural adscrito. Esta idea la repite no solo en la poesía, además trasciende al plano periodístico. Ya Víctor Fowler analiza esta perspectiva guilleneana desde una interesante visión y desarticula las lecturas ocasionales del poeta que proporcionan manidos análisis. De nuevo insiste Guillén en la inevitable rebeldía contenida que, a lo largo de todo el poema, conlleva a pensar la realidad negra como un componente periférico de la realidad maquillada. Exige, pues, como en “Negro bembón” y “Mulata”, que el negro reconozca su belleza y dignidad étnicas, por encima de las hegemonías raciales y ha sido induce por siglos de represión y autonegación como sujeto social:

¡Me río de ti, negro imitamicos,
Que abre los ojos ante los autos de los ricos,
Y que te avergüenzas de mirarte el pellejo oscuro,
Cuando tienes el puño tan duro! (N.G, 2008. p.50)

Conviene señalar que, como se ha visto en los poemas anteriores analizados, el hablante construye ese espacio de ficción que estimula el protagonismo de este sector. En “Nocturno en los muelles”, las fuerzas transgresoras dormían apacible en la noche portuaria, interrumpidas solo por los gritos —callados— de la naturaleza portadora de la voz ausente de los seres oprimidos. Pero aquí Guillén introduce en la colectividad esa voz germinal de ruptura que acabará con la circularidad de la dominación y violentará su existencia explotada:

De entre la oscura
Masa de pordioseros que trabajan,
Surge una voz que canta,
Brota una voz que canta,
Sale una voz llena de rabia,
Se alza una voz antigua y de hoy, (…) (N.G, 2008. pp.51-52)

Este no es el simple alegato de un despertar de los “parias desconocidos”, sino es la voz ancestral de los pueblos africanos que viven en el dolor de estos. Por tal motivo, se hace más nítido y trágico el modelaje operístico de la realidad cuando nos obliga a olvidar esa zona de nuestra identidad, con lo cual el sujeto poemático nos recuerda:

Aquí está lo mejor de Port-au-Prince
Lo más puro de Kingston, la high life de La Habana…
Pero aquí están tan bien los que reman en lágrimas,
Galeotes dramáticos, galeotes dramáticos. (N.G, 2008. p.55)

El tema del sujeto caribeño y sus fuerzas ingentes que no brotan improntu, mantenidas adormecidas al servicio del poder que lo oprime, contiene otra problemática ya esbozada y es capital en Guillén: la integración interracial. Señala que de no suceder tal evento, se verán frustradas cualquier intento revolución genuina. Tiene demasiado presente la Guerrita del 12, pero la experiencia de las guerras independentistas, no produjo un cambio cualitativo para los negros, sino que se siguieron reproduciendo el mismo sistema de hegemonía racial recrudecida por el capitalismo. En “Dos niños” de este mismo poemario, interroga:

Están unidos como dos buenos perros…
Juntos así como dos buenos perros,
Uno negro, otro blanco,
Cuando llegue la hora de la marcha
¿Querrán marchar como dos buenos hombres,
Uno negro, otro blanco? (N. G. 2008, p.64)

No es ocioso pensar que en “West Indies”, se detenga en este punto para dilucidar la importancia de la integración racial, no solo es capital por una necesidad cultural, sino el reconocimiento del Otro es crucial para la sobrevivencia de la Nación. De aquí emerge el pensamiento guilleneano cuya riqueza se encuentra en los aportes que el marxismo le brindó para entender la sociedad enajenante, por los procesos de dominación económica, política, cultural y racial. La predisposición hacia el cambio es inevitable, casi nos dice Guillén, y estos poemas se adelantan veinte años para el suceso más radical de los 60 en el hemisferio occidental que fue la Revolución cubana. Además de prever esta unión, en el poema en cuestión, uno y otro convergen para cambiar las circunstancias.

Aquí están los que codo con codo
Todo lo arriesgan; todo
Lo dan con generosas manos;
Aquí están los que se sienten hermanos
Del negro que doblando sobre el zanjón oscuro
La frente, se disuelve en sudor puro,
Y del blanco, que se sabe que la carne es arcilla
Mala cuando la hiere el látigo, y peor si se la humilla
Bajo la bota, porque entonces levanta
La voz, que es como un trueno brutal en la garganta.
Ésos son los que sueñan despiertos, (…) (N.G, 2008. pp.55-56)

Otro aspecto que nos interesa, es la relación del sujeto caribeño con la naturaleza insular, que irrumpe desde una postura antirromántica de ella. La desilusión y desintegración del locus amoenus, entidad de idealización espacial en la cultura, se convierte en una entidad opresiva y autónoma —“El sol achicharra aquí todas las cosas/ desde el cerebro hasta las rosas”. El cañaveral condensa la malignidad y el extremo de la opresión de las compañías azucareras. Como componente vital para el desarrollo económico establece los límites de las injusticias entre los explotados y los explotadores.

Las cañas—largas—tiemblan
De miedo ante la mocha.
Quema el sol y el aire pesa.
Gritos de mayorales restallan secos y duros como foetes. (N.G, 2008. p.51)

Es necesario detenerse en las tropologías diversas que alcanzan la caña y el cañaveral dentro de la poesía cubana. Es un continuum trazado desde el romanticismo decimonónico, pasa por Agustín Acosta y llega a Guillén y lo refuncionaliza no sin un aporte un imaginal cualitativo, cristalizado en su “Elegía a Jesús Menéndez” y que contamina hasta el presente nuestra relación con la naturaleza como realidad que embarga nuestra sensibilidad más profunda.

IV.
En los poemas presentados nos hemos detenido en cómo el autor de Motivos de son, se sirve del ámbito poético para desarticular una realidad en la cual, lo negro participa al igual que lo blanco en la construcción de una Nación transcultural y transdimensional. Puesto que al correlacionarse, los sujetos caribeños, mediante los intersticios de la colonialidad del poder, reproducen el estado de cosas imperante, tanto, blancos en su jerarquía racial, como negros en su sumisión al poder. Es decir, las fricciones y asimetrías sociales en una sociedad postcolonial, no pretende un nuevo orden, sino mantener el estatuido. Se intenta, pues, conservar en los designios de la marginalidad al sujeto negro en la periferia de las relaciones de poder. Esto ha conllevado a una constante invisibilización de un sector en detrimento del Otro y, en consecuencia, una negación y limitación de la autonomía de uno en relación con el otro. De tal manera lo más elemental en Guillén no es dar a conocer el color de la cultura o afirmar el mestizaje de ella, sino ir solventado el problema de la integración social y étnica, en lo cual se pueda hablar de cubano y, por extensión, caribeño. Esta visión tan martiana tiene una conjugación con la ideología marxista, que no se escinde del posicionamiento político de su amigo Jacques Roumain o más radicales con Aimé Cesaire. El poeta converge en el enfoque defendido de los intelectuales caribeños de las décadas del 30 y 40, que solo una revolución social en el Caribe producirá una transformación en las relaciones interétnicas y permitirá una revalorización del aporte cultural y social de los afrodescendientes en sus islas respectivas.

Por eso, es cada vez más perentorio, leer a Guillén en las confluencias generacionales del autor Cahier d´un retour au pays natal (1942), Franz Fanon o un Glissant, trazar los mapas migratorios de los miles caribeños por el mundo y determinar las influencias entre unos y otros. Es, en esta correspondencia que se puede entender la sujeción telúrica indisoluble entre poéticas y pensamientos en el Caribe. Lejos de lo que podamos suponer, estas impresiones de una caribeñidad o exploración de la misma, están presentes en escritores, a los cuales la historiografía literaria ha privilegiado otras zonas y es reciente los estudios que vislumbran el punto de vista caribeño. En el caso cubano, tenemos a Virgilio Piñera con su poema La isla en peso cuyos diálogos intertextuales con el martiniqueño se apresuraron a develar como defecto, los primeros exegetas. Sin duda, en consonancia (negadora) con el “Coloquio con Juan Ramón Jiménez” y la fundación de una insularidad, a la que José Lezama Lima y el grupo Orígenes definen como un “sentimiento a lontananza”, trascendente a nuestra existencia isleña y nos conecta con un centro poético tutelar y primigenio. Esto solo demuestra que lo caribeño pasa por una compleja red de intelecciones y sociabilidades emergentes en nuestra compresión y posicionamiento con la Historia.

El otro problema cuestionador en Guillén, nos lo esclarece profusamente Víctor Fowler en su último ensayo el cual reproducimos a continuación:

(…) el prejuicio [racial], aunque activado tal vez en un instante preciso, existe dentro de un continuo, un estado de cosas que engloba economía, política, sociedad y cultura en general; de ahí la profundidad de la demanda que Guillén hace sobre la necesidad de hablar y de establecer solidaridades, pues no alcanza con confrontar en un espacio en tanto se mantiene silencio en los demás. Dado que la señal de refuerzo para un prejuicio proviene de cualquiera de los espacios (…), la respuesta necesita extenderse sobre esa misma totalidad y sobrepasarla en la propuesta de un nuevo modo de vivir que rompa la díada hegemonía-subordinación.

Este fragmento ilumina, en parte, la idea que hemos venido siguiendo para esclarecer nuestra aproximación y, en parte, enuncia la complejidad del pensamiento guilleneano que hemos intentado parcialmente exponer. La trascendencia de este modo de pensamiento, no se encuentra en buscar culpables, puesto que cualquier variable mencionada arriba, conlleva hacia ese tipo de visión, sino de concertar la integración, o lo que llama Fowler “establecer solidaridades”, como elemento desarticulador del racismo y la sociedad preconcebida en un modelo de hegemonía racializada. Su insistencia en el protagonismo del sujeto negro y en la emergencia de sus potencialidades aún dormidas para una transformación profunda de su contexto socio-étnico, se basa en esto que acabamos de decir, y no en la violencia de una guerra interétnica que llevaría al suicidio de la Nación. Por lo demás, hay demasiados ejemplos en nuestra historia para obviar la mirada del poeta.

Las dos islas

Mientras pretenden hacernos creer que entre “Patria o Muerte” y “Patria y Vida” existen dilemas éticos irreconciliables, trasfondo político in-negociable, en la década del 40 del siglo pasado, Lezama y Piñera constituyeron dos visiones sobre Cuba contrapuestas: Una que amanece y otra que se traga a sí misma, se deglute y defeca el Ser insular. En la polémica con Juan Ramón Jiménez, un joven Lezama advierte el germen del telos cubano por la misma época, el cual Vitier recobra en Ese sol del mundo moral, en los 70. Dice Piñera “Esta noche he llorado al conocer a una anciana que ha vivido ciento ocho años rodeada de agua por todas partes. /Hay que morder, hay que gritar, hay que arañar.”
Por su parte Lezama tañe, “La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.
La mar inmóvil y el aire sin sus aves,
dulce horror el nacimiento de la ciudad
apenas recordada”.


Por ese portal están todas las Cubas posibles e imaginadas.


Al fallecer Lezama, una década antes que Piñera, ambas islas se reconciliaron.

El hechizado
A Lezama, en su muerte

Por un plazo que no pude señalar
me llevas la ventaja de tu muerte:
lo mismo que en la vida, fue tu suerte
llegar primero. Yo, en segundo lugar.

Estaba escrito. ¿Dónde? En esa mar
encrespada y terrible que es la vida.
A ti primero te cerró la herida:
mortal combate del ser y del estar.

Es tu inmortalidad haber matado
a ese que te hacía respirar
para que el otro respire eternamente.

Lo hiciste con el arma Paradiso.
—Golpe maestro, jaque mate al hado—.
Ahora respira en paz. Viva tu hechizo.