Los bucles del activismo

Suelo decir en mis ámbitos privados que la política nacional baila el chachachá. Ese ritmo tan contagioso creado por el maestro Enrique Jorrín, describe muy bien la manera en que operamos como ciudadanos ante los acontecimientos de la vida social, cultural y económica. Su electricidad bamboleante conjuga los extremos punzantes y rebaja a choteo todo lo que hay de grave, reverencia y dignidad.

Ya en el lejano 1928 Jorge Mañach se quejaba en su Indagación al choteo, de esa enfermedad tropical que todo lo corrompe, de esa risa que inmoviliza y ridiculiza. En nuestro devenir azaroso como sujetos nacionales, hemos descubierto el agua tibia y lanzado el bebé y la palangana por la ventana. Todo, a veces, por nada.

Hace apenas unos días la presentación de la rapera Danay Suárez en el Festival Internacional de Viña del Mar en Chile, atrajo la atención de activistas LGBTIQ por “desafortunados” comentarios contra el aborto desde un cariz cristiano. Digo “desafortunados” porque si en serio nadie tiene que echarse culpas ajenas, tampoco nuestra visión, siempre limitada, engloba la diversidad circundante.

Danay ha sido una cantante a contracorriente, su voz, videos clips y música, han transgredido el oficialismo insular y se consume por redes alternativas como el paquete, pero se escucha más afuera que adentro.

¿Pero qué hace que una cubana que representa los cubanos de a pie, rechace ante miles de espectadores el aborto, cuando en su país está legalizado desde antes de 1959? ¿Por qué esta cubana se (re)prende a nombre de la iglesia cristiana, cuando en Cuba la religiosidad insular mezcla varias espiritualidades y en los colectivos sociales la religión no constituye un ámbito de presión moral? ¿Qué peligros tiene lanzar estos mensajes en una sociedad conservadora, neoliberal y fuertemente religiosa como la chilena?

Creo que hay más de furor mediático, más de reality show construido y verbalizado que una verdadera asunción de un compromiso con la vida, con las mujeres (lesbianas, violadas, parteras…) y la religión. En una entrevista reciente la cantautora dice sentir “responsabilidad con mi Palabra que, como siempre he dicho, salva o condena, y por eso soy cuidadosa al escribir.” Pero ¿qué es para ella su Palabra? ¿Podría definirse en tiempos de postmodernidad la Palabra? Lo único que sé que solo ella es la gran ganadora de este espectáculo.

No me apena su actitud, no siento dolor por sus palabras, pero el activismo tiene como siempre otros retos por delante. Esto demuestra que dejarles a los medios la responsabilidad de que hable por nosotr@s, nos pone en peligro de estar siempre en la orilla. No basta con leyes sustantivas contra la violencia, por la no discriminación, por la igualdad de género, sino que nos pronunciemos con el dolor de la vagina, de las mujeres abusadas, maltratadas, asesinadas, lesbianas, de las que no desean parir.

La massmediación de la justicia social ritualiza la banalidad en acto. Ella, quien ha usado su derecho al aborto en una isla subdesarrollada, con condiciones mínimas en los servicios de salud a los que ha asistido, pide a las mujeres chilenas, en primer acto, que no lo hagan, donde en muchos casos se hace, el aborto, de manera ilegal y sin condiciones médicas.

Estos son los bucles del activismo: volver siempre al mismo punto; deshollinar los cráteres, como el Principito, una y otra vez, repasar por donde nunca se dejó de caminar. Ahí está el valladar de nuestra lucha en cuyo contenido ideológico está nuestra verdadera lucha, más allá del derecho a la libre expresión, consustancial tanto para feministas pro aborto como a religiosos antiabortistas.

Miami, será la próxima sede de Danay, pero ella ya no será igual. Lejanos quedaron atrás los días en que el rap constituía el espacio contracultural, de negros y marginados (y de negros marginados), expresión de resistencia, ante la globalización neoliberal homogenizante.

Danay está lejos de representar esas luchas, su Palabra, que tanto defiende, solo toma el gesto por la esencia. Ella es rapera, Danay quien defiende en lo que cree, es también cristiana y antiabortista.

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